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Diario de verano III

Ser vegetariano en España es un infierno. Sobre todo después de vivir en Taiwán, que es un paraíso para budistas y demás amantes de los animalitos. En Taichung, solamente en mi calle hay cinco bufés vegetarianos. Pero no es la única diferencia, sino la amabilidad con que atienden las demandas vegetarianas en cualquier restaurante que sirva carne. En un momento te lían, con arroz y unas verduritas, un plato sencillo pero sabroso.

Igualito que en España, donde la primera reacción de muchos camareros cuando le dices que eres vegetariano es poner unos ojos como platos. Después te mandan mentalmente al infierno –se nota en sus caras– para empezar, acto seguido, con los “puffffs”, y los “pueeeeeeees”, síntoma inequívoco de la pereza mental. Has cometido el pecado mortal de sacarles de la carta, cosa que en Taiwán se acepta con total naturalidad. Preferirían decirte que no hay nada, que te vayas, pero el caso es que estás sentado con otros cinco, y no compensa. Comienza entonces la pesadilla:

-Tenemos sandwich vegetal.

-¿Y qué lleva? –es que ya me los conozco, jeje–.

-Lechuga, tomate, cebolla, atún y huevo.

-Mira, es que no como atún.

-Pues le quito el atún.

-Pero es que tampoco como huevo: soy vegano –no lo digo hasta ese momento porque no suelen saber lo que significa esta palabra, no para darle intríngulis a la conversación–. O sea, que no como ni carne, ni pescado, ni huevo, ni lácteos. Ni miel (por si las moscas). Nada de origen animal, vamos.

-Ah. Te puedo hacer un sandwich de queso.

-El queso es un lácteo.

Cortocircuito. Tras un momento de duda encuentra la solución:

-Eeeeeeeeh, entonces te hago una ensaladita de lechuga, tomate y cebolla.

Les prometo que este diálogo lo he sostenido prácticamente sin cambios en bastantes restaurantes de toda España. Galicia, a pesar de su abundancia vegetal, no es una excepción. Es cierto que en muchos lugares comienzan a tener en carta dos o tres platos aptos para veganos, por si las moscas entra algún tronado como yo –grillo o vaca es lo que más nos llaman–. Aunque estemos lejos de las posibilidades que ofrece Taiwán, un país de gran tradición vegetariana por influencia del budismo, nos vamos acercando.

O quizás soy yo el que ando confundido y algún día, dando un paseo por Covas, algún amigo me enseña los árboles en los que crecen el atún y los huevos cocidos.

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