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Lecturas vacacionales

Ya estoy en Taiwán, después de un espantos viaje de 29 horas. El domingo volveré a Dalian para incorporarme al trabajo, poniendo fin a mis largas y pacíficas vacaciones en las que no he hecho NA-DA, a pesar de mis optimistas planes. Nunca aprendo.
Por lo menos he leído algunos libros, y aprovecho mi blog –cada vez menos chino– para hablaros de ellos, por si a alguno se os ocurre seguir las recomendaciones.

1. El misterio de la carretera de Sintra, de Eça de Queirós, en la edición de Acantilado. Es un librito de misterio decimonónico, romanticón y divertido. Es la primera novelita del autor. Títulos posteriores como El primo Basilio y Los Maia explican mucho mejor por qué está considerado –y con justicia– el mejor novelista de la literatura portuguesa. Si os gusta el género de misterio, es una lectura estupenda, que además tiene una historia genial: los autores (Eça y otro cuyo nombre no recuerdo) la enviaron por entregas a un periódico lisboeta, pasando la historia, en un principio, por verdadera.

2. El fin es mi principio, de Tiziano Terzani, publicado en la editorial Maeva. Menos mal que Maeva ha recuperado la obra de este maravilloso periodista italiano para nuestro país. Pena que no sea el mejor título de Terzani. En él, Tiziano es entrevistado por su hijo Folco, y juntos hacen un repaso a su vida y sus inquietudes. Interesante sobre todo para incondicionales. Un libro que cobra valor a la luz de sus anteriores obras. Esperemos que Maeva se anime a publicar su indispensable Un altro giro di giostra. Para los que queráis empezar con él en español, os recomiendo Un adivino me dijo o Cartas contra la guerra.

2. Poemas de Alberto Caeiro, en la estupenda edición bilingüe de Pre-textos. Para mí, la mejor obra poética de Pessoa. Una de las cumbres de la poesía universal del siglo XX. Un texto puro, sin trampas, y cargado de verdad vital, y no solamente literaria.

3. Otro de los poemas que releo siempre que vuelvo a España es la Epístola moral a Fabio. Yo la estudié como anónima, pero parece que ya le han encontrado dueño. Con autor o sin él, uno de los textos más destacados de la mejor época de nuestra literatura. Es una pena que la España actual no refleje, en ninguno de sus aspectos, la filosofía que transmite esta obra: amor por el conocimiento, por la vida sencilla y ética, austera y civilizada en su más alto grado. En él, el poeta insta a su amigo a abandonar la corte, corrupta, fatua, hipócrita, para retirarse a una vida diferente. Dicen unos versos grandiosos: “un ángulo me basta entre mis lares; / un amigo y un libro, un sueño breve / que no perturben deudas ni pesares.” A Montaigne le hubiera encantado.

4. Hablando de Montaigne, he leído el brevísimo pero estupendo ensayo que Zweig le dedicó. Es una lectura preciosa que resalta la independencia del autor francés, su radicalmente moderna visión del ser humano, su tolerancia absoluta. Leed el librito de Zweig, pero leed, sobre todo, los Ensayos de Montaigne, que hacen creer, a pesar de Rajoy y Zapatero, que otra Europa es posible.

5. Descubrimiento de la lista: Billy Collins, poeta americano. He leído Lo malo de la poesía y otros poemas. Aunque tiene bajones, es un libro divertidísimo. Una poesía sencilla, cotidiana, cargada de sentido del humor, de ternura y de optimismo sin estruendos. Una buena elección para iniciarse en la poesía, por lo alejado que está el poeta de todo intento de trascendentalismo hermético. Mi colega Peibojl, el de la Marmitácora (enlace en la columna derecha), me ha descubierto esta maravillosa página de poemas de Collins animados: http://www.bcactionpoet.org/. No os la perdáis.

6. Segundo descubrimiento: Plop, de Rafael Pinedo, publicado por Salto de Página. Una novela breve, desnuda, turbadora. De esos textos que remueven las tripas del lector, que le ponen ante lo más duro de su propia naturaleza: la ambición, la falta de compasión, el egoísmo y la soledad, y también –cómo no– sus opuestos. No os defraudará.

7. Entrevista con el vampiro, de Anne Rice. Un bodrio con mayúsculas. Me lo leí en dos días porque no soportaba más la tortura y no quería dejarlo a la mitad. Horrorosamente traducido, además (un tal Marcelo Covián perpetró el crimen). Superficial, hortera, macarra, poligonero. Ya sabéis, las lágrimas del vampiro mezclándose con la sangre de la víctima. Una joyaaarrrl…

8. El último libro de la estupenda poeta polaca Wislawa Szymborska, titulado Dos puntos. Como siempre, muy bien, aunque no a la altura de la maravillosa antología de la editorial Hiperión.

Esto es todo. Ahora estoy con un apasionante libro, Conan Doyle, detective, sobre los casos que el autor de Sherlock Holmes investigó en la realidad. Por ahora va estupendamente, pero como no lo he terminado prefiero no opinar. Ya os diré algo cuando acabe… ¡Todos a leer!

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Tiziano Terzani y Caín

No es la primera vez que el nombre de Tiziano Terzani sale a colación en este blog. No en vano es de mis escritores favoritos. Autor de muchos libros maravillosos, solamente dos de ellos se han publicado en España.
Descubrí a Terzani en Italia, cuando él ya estaba muerto y su último libro, Un altro giro di giostra, había vendido ya once ediciones. Leí la contraportada en una de las preciosas librerías de Urbino, ciudad en la que trabajaba como profesor de español: Terzani, florentino, corresponsal del periódico alemán Der Spiegel durante más de treinta años en países asiáticos como China, Japón, Tailanda e India, contaba en él su último gran viaje: el que emprendió, enfermo de Cáncer, para encontrar respuestas a su enfermedad más allá de la medicina. Él, todo un experto en Asia, conocedor de sus tradiciones y de su forma de ver el mundo, pero firmemente enraizado en el occidente más abierto y cosmopolita, hijo orgulloso de la Europa del intercambio de culturas,   narra el periplo que le lleva desde la clínica especializada en cáncer más prestigiosa de EEUU, en Nueva York, hasta las manos de los curanderos filipinos, pasando por Tíbet, Hong Kong o India.
Todo lo que os diga de este libro es poco. Tanto me impresionó que llegué a España y me puse en contacto con RBA, la editorial que ha publicado Un adivino me dijo y Cartas contra la guerra, para ofrecerme a traducirlo inmediatamente. La editora me contestó que los libros anteriores de Terzani no habían resultado rentables, y que no pensaban publicar los demás. Yo insistí, le hablé de las once ediciones en seis meses, de las organizaciones que, en nombre de Terzani, habían visto la luz en toda Italia para promover la paz mundial y el entendimiento entre culturas, del inconmesurable eco mediático que su muerte tuvo en Italia –hoy por hoy es un autor de culto–. No sirvió de nada.
Hace un mes, gracias a Alessandra y Alessandro, un matrimonio italiano que vive en Dalian, han llegado a mis manos un montón de los libros viejos de Terzani. Llevo ya dos –justamente los dos traducidos al español, que nunca leí porque quería esperar a tenerlos en italiano–, y no no puedo dejar de sorprenderme con cada una de las páginas escritas por él. Tiziano Terzani ha conseguido conjugar como nadie la sabiduría de nuestra propia tradición occidental –ea un buen conocedor de los clásicos, y dominaba cuatro lenguas europeas– con la oriental –hablaba chino perfectamente y pasó treinta años en el continente asiático, procurando conocer cada uno de sus rincones, de sus leyendas, de sus preocupaciones y sueños–. Los capítulos de sus libros son siempre una pregunta abierta y viva, una duda constante, además de un entretenidísimo sucederse de historias, anécdotas y paradojas. Quisiera traduciros todo lo que puso por escrito, pero es imposible, así que quiero destacar dos fragmentos del libro que ahora tengo entre manos, Cartas contra la guerra.
Lettere contro la guerra es la recopilación de las cartas que Terzani, en diálogo epistolar con Oriana Fallaci –periodista, florentina y muerta también ella pero, a diferencia de él, llena de indignación– envió a La Stampa desde diferentes ciudades en un viaje que, a raíz del 11 de septiembre de 2002 y ya mayor de 60 años, inició para intentar buscar respuestas al nuevo y terrorífico estado del orden mundial.
En el primer párrafo que he seleccionado Terzani discute la división entre “buenos” y “malos” llevada a cabo taxativamente por algunos de los gobiernos  occidentales –entre ellos, el nuestro– tras el derrumbamiento de las torres gemelas. Dice:

“El terrorista que ahora viene señalado como el “enemigo” a batir es el millonario saudita que, desde su guarida en las montañas de Afganistán, ordena el ataque contra las Torres Gemelas; es el ingeniero y piloto, islamista fanático, que en nombre de Alá se suicida matando a miles de inocentes; es el muchacho palestino que con una cartera llena hasta arriba de dinamita se vuela en pedazos en medio de una multitud.
Pero debemos aceptar también que para otros el “terrorista” pueda ser el hombre de negocios que llega a un país pobre del Tercer Mundo no con una bomba en la cartera, sino con los planos para la construcción de una fábrica química que, a causa de los riesgos de explosión y contaminación que comporta, jamás podría ser construida en un país rico del Primer Mundo. (…)
Esto no es relativismo. Quiero decir solamente que el terrorismo, como modo de usar la violencia, puede expresarse de varias formas, a veces también económicas, y que será difícil llegar a una definición en común del enemigo.”

En el segundo de los párrafos, Terzani habla de un libro que se está leyendo, cuyo autor es Ekkehart Krippendorff. Dice de él:

“La fascinante tesis del autor es que la política, en su expresión más noble, nace de la superación de la venganza y que la cultura occidental tiene sus raíces más profundas en algunos mitos, como el de Caín o el de la Erinias, que desde siempre recuerdan al hombre la necesidad de romper el círculo vicioso de la venganza para dar origen a la civilización. Caín mata a su hermano, pero Dios impide a los hombres que venguen a Abel y, después de haber marcado a Caín –una marca que es también una protección– lo condena al exilio donde aquel funda la primera ciudad.”

Sin la superación del ansia de venganza no puede existir la civilización. ¿Y a quién, sigue reflexionando Terzani, corrsponde dar el primer paso? No sé vosotros, pero yo tengo claro quién atacó primero y, sobre todo, quién ataca con más continuidad: el dinero de los ricos, siempre ansioso por conseguir más dinero.