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Saludo a los seres queridos

Han sido -están siendo- unos meses duros; negarlo no hará que dejen de estar ahí. Sin embargo, hoy me siento mejor. Como si un tapón hubiera saltado lejos. ¿La prueba? Las tres entradas que he escrito del tirón.

He leído mucho, estos dos meses largos que llevo aquí. Y más que nada he hecho algunas relecturas importantes. Entre ellas, las poesías de Emily Dickinson, en la edición antológica y bilingüe de la editorial Hiperión, llamadra Crónica de plata. Ya es la tercera vez que me la leo, y esta autora de Massachusetts no deja nunca de sorprenderme. Hay algo entre inocente y misterioso en su obra, algo que me recuerda al Blake de Canciones de inocencia y experiencia.

Cada noche, antes de leer otros poemas, he releido el primero que recoge la antología de Hiperión, porque expresa perfectamente el amor en la distancia –o así, al menos, lo he interpretado yo, qiuizás a causa de mi situación personal–. Dice el poema:

There is another sky,

Ever serene and fair,

And there is another sunshine,

Though it be darkness there;

Never mind faded forest, Austin,

Never mind sient fields-

Here is a little forest,

Whose leaf is ever green;

Here is a brighter garden,

Where not a frost has been;

In its unfading flowers

I hear the brigh bee hum;

Pritbee, my brother,

Into my garden come!

Y traduce Manuel Villar Raso:

Hay otro firmamento

Siempre sereno y hermoso,

Y hay otra luz del sol,

Aunque allí esté oscuro;

No te importen los bosques marchitos, Austin,

No te importen los campos silenciosos –

Aquí hay un bosquecillo,

Cuya hoja siempre está verde;

Aquí hay un jardín más brillante,

Que no conoce el hielo;

En sus inmarcesibles flores

Oigo el zumbido de la brillante abeja;

¡Te lo ruego, hermano,

Entra en mi jardín!

¿No es eso lo que todos necesitamos que alguien nos diga a veces, cuando nos sentimos a la intemperie, cuando la vida nos azota con sus vientos y su granizo, o nos cubre con su sombra? “Te lo ruego, hermano, entra en mi jardín” -y cállense los maliciosos que solamente vean en estos versos un significado sexual-. Es cierto que en amor, en el regazo de los seres queridos, está la parte de Paraíso que a todos nos corresponde en esta vida. Y es cierto que allí no hay oscuridad o hielo que nos alcancen. ¿No lo dice Mark Twain a través del epitafio que Adán le escribe a Eva en su divertidísimo libro Diario de Adán y Eva -valga la redundancia-? “Allí donde ella estaba, estaba el paraíso.”

Va dedicado a la familia y a los amigos. Ya sabéis que allí donde me encuentre, aunque sea en una isla del Pacífico, tenéis un lugar donde reparar las fuerzas, sea cuando sea.

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Regreso al ciberespacio. Jorge Riechmann dice una verdad

Acabo de llegar a España y ha sido como volver a dos patrias a la vez: a la geográfica y concreta, Spain, Sibanya, como la llaman los chinos, y a la patria del ciberespacio, de fronteras más difusas. Siento un placer vanguardista viendo la velocidad a la que fluyen aquí las páginas web. La pesadilla del aislamiento cósmico causada por el terremoto en Taiwán ha terminado para mí.

En cuanto a la primera, es extraño abandonar mi sordomudez, volver a entender los carteles y las conversaciones de la gente, reprimir de nuevo mis comentarios, que en China salen de mi boca a cualquier volumen, en los lugares menos apropiados, para estrellarse contra el muro de la incomprensión. Allí mis palabras son bombas sin espoleta, pero aquí la gente me mira cuando digo una burrada. Y eso es que me entienden.
En lo que respecta a la segunda de mis patrias, Interné, he vuelto a ella con el tiempo justito para celebrar el fin del segundo ciclo de Chinotopía. Si el primero de ellos fue el preparatorio, los motores al ralentí, desde Ferrol, dispuestos para la partida, el segundo ha sido el del primer contacto con China. El tercero, que se abre ahora, será un intermedio de casi dos meses de vaciones por Europa: Galicia, Madrid, Valladolid, y quizás otros lugares más remotos. Veremos.

Ayer, poco después de aterrizar, me compré un libro de poemas llamado El día que dejé de leer el país. El autor es Jorge Riechmann, y con él ganó el premio Jaén de poesía de 1997. Podéis encontrarlo en Hiperión. Riechmann escribe poemas con trasfondo social, pero no por eso pesados o curiles. Es inteligente y nervioso, y se lee muy bien. Como muestra, os paso dejo aquí un poema que dedico a mi amigo Rodrigo, porque sé que él está, como yo, de acuerdo con lo que el poema dice, y porque sentirá al leerlo el regustillo, un poco vengativo, de las verdades dichas a la cara de los que manejan el cotarro, aunque nunca sea uno mismo el que las diga. Ahí va:

ENTREVISTA PARA LA PRENSA, 1995

Si ponemos
a quien no sabe sociología ni entiende de política
a escribir sobre movimientos sociales

si ponemos a quien no ha leído a Freud

a reflexionar sobre psicoanálisis

si encomendamos a quien nada sabe de ecología

la información sobre el cambio climático

y si asignamos a quien no sabe nada de nada

pero en particular desprecia las cosas del lenguaje
los comentarios sobre poesía

(ya sé que no soy quién para quejarme
yo que más de una vez he declarado con énfasis

que no hay nada en lo que sea experto

y sin embargo no logro mantener la boca cerrada)

el caso es que si ponemos en práctica
la división técnica del trabajo que acabo de sugerir

el resultado no es un manicomio
(o quizá sí según se mire la cosa pero con mirada exotérica
la cosa no es un manicomio)
sino un poderoso miedo de comunicación de mass
perdón medio de comunicación de masas
en la era de la comunicación de masas
en la era de la mierda en la nevera
en la era del cuento de la lechera.

Viaje

Mañana empiezan mis vacaciones de otoño. En avión a Pekín, a buscar a J. y a su amigo. Después, Pingyao, Taiyuan y Xi’ian. No voy a daros la tabarra con los planes, ya os contaré al volver cómo ha ido todo. Os dejo, ya que tardaré unos días en escribir otra entrada, con un clásico sobre el tema: Ítaca, de Konstantino Kavafis, en la estupenda traducción de José María Álvarez:

ÍTACA
Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones ni a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Ítacas.

Que así sea para todos los que viajan. ¡Pasadlo bien!