El estadounidense, ese desconocido

Recuerdo perfectamente la primera vez que vi Brokeback Mountain. Fue en invierno, en un antiguo cine del barrio de Salamanca, en Madrid, durante mis primeras vacaciones de año nuevo chino. El público que asistió a la sesión estaba compuesto, principalmente, de señoras sesentonas y acomodadas a las que aquella película, como a mí, mostró un mundo lejano y desconocido. Aquella historia que transcurría en Wyoming, pero con constantes referencias a Texas, donde uno de los protagonistas vive la mentira de su matrimonio entre tractores inmensos y toros de rodeo, me abrió una puerta que no ha vuelto a cerrarse y asoma a las praderas y los desiertos de los estados menos conocidos de los conocidísimos Estados Unidos de América.

 Brokeback Mountain me llevó, como no podía ser de otra manera, a leer la obra de una de las autoras más deslumbrantes de la actualidad. En las antípodas de literatura como la de Paul Auster –se me ocurre– donde la banalidad se disfraza de trascendencia y es aplaudida universalmente porque todo sucede en Nueva York y los protas son guays e hiperconscientes, las novelas y relatos de Annie Proulx reflejan un mundo duro, implacable, que no se gusta nada a sí mismo y que le presta a la verborrea de la posmodernidad la misma atención que al estiercol de caballo. Todo lo que escribe esta mujer rezuma la autenticidad de la gran literatura y de la verdadera vida.

Después han sido muchos los escritores que se han añadido, en mi estantería, a la lista de autores que hablan de esa Norteamérica silenciosa: el sur de Harper Lee en Matar a un ruiseñor –una novela perfecta– o las desesperantemente aburridas ciudades de El corazón es un cazador solitario o la Balada del Café triste, ambas de la maravillosa Carson McCullers. La última de dichas incorporaciones ha sido Friday Night Lights, en forma de serie primero y de ensayo literario después. La historia es conocida, y gira alrededor del equipo de fútbol americano del instituto de una pequeña ciudad de Texas. La serie (2006-2012), que consta de cinco temporadas, se inspira en el libro homónimo, publicado en 1990 por H.G. Bissinger, y convierte en brillante ficción lo que en el ensayo es cruda y apasionante realidad.

Acabo de terminar de leerme en inglés –no hay, incomprensiblemente, traducción al castellano,– el libro de marras. Bissinger, un periodista del noreste estadounidense, decidió acompañar, a lo largo de toda la temporada de 1988, al equipo de fútbol americano del instituto Permian de la ciudad de Odessa: los Permian Panthers. Tomando como punto de partida y pretexto el deporte escolar, construye una lucidísima reflexión sobre los grandes problemas de la zona: el racismo, la implacable crisis desencadenada tras el boom petrolífero que convirtió Texas, durante unos años, en un ensayo de Dubai, el catastrófico modelo educativo estadounidense o las nefastas consecuencias de que la identidad social de toda una ciudad se construya alrededor de unos atletas adolescentes. No hace falta decir que Bissinger no ha podido acercarse a Texas nunca más.

Más allá de California y de Nueva York hay otra Norteamérica, y está llena de historias fascinantes. Ojalá autores de tanta calidad como Proulx, McCullers y Bissinger sigan contándonoslas.

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12 Respuestas a “El estadounidense, ese desconocido

  1. Es que Nueva York no son los Estados Unidos…
    Una delicia de blog, amigo.

  2. Es una pena que siempre acabemos reduciendo casi todo un continente a cuatro luces de neón y un par de clichés… Siento fascinación desde pequeña por los Estados Unidos, y es curioso ver cómo esa atracción no ha desaparecido al ir creciendo, sino que simplemente ha ido transformándose; y he de decir que si bien de pequeña me gustaba más que nada Nueva York y la cultura negra, con el paso de los años cada vez el viaje es más hacia el interior, hacia esa América que algunos intentan descalificar continuamente añadiéndole lo de ‘profunda’. Es curioso, últimamente hago muchas excursiones por Galicia y me acuerdo muchas veces de eso, porque ‘¿acaso no es lo más difícil y a la vez enriquecedor adentrarse en las profundidades de cualquier ser, ya sea un único individuo o toda una cultura?’…

    Coincido con tu amigo, una delicia poder leerte aquí también ;))

    Un bicachasso Miguel, y no vuelvas a desaparecer, jeje.

    • A veces, cuando leo estos libros y veo estas películas también me acuerdo mucho de Galicia. Me encantaría vivir allí y pateármela. ¡Ay, las raíces!

  3. Fantástico post miguelón, aunque como lector de paul auster(todos tenemos nuestros vicios)…no pueden convivir ambas literaturas sin que una invalide a la otra?

    • ¡Yo también he leído mucho a Paul Auster! Y por supuesto que pueden convivir. Pero me da la sensación de que lleva ya unos años copiándose a sí mismo…

  4. Yo también he tenido esa sensación a veces, que Paul Auster escribe “novelas austerianas” como churros, pero por ejemplo con “Invisible” me volvió a ganar.

  5. ¡Buf, cuánto tiempo sin pasarme por aquí! Me alegro de haberlo hecho. No entro en la discusión literaria porque soy un ignorante en el tema, pero repetiré tus palabras si alguien me pregunta 😉

    ¡Un abrazazo!

  6. ¡Hola Alfonso! Me alegro de saber de ti. ¿Va todo bien?

  7. Migueloooon!!!! Acabo de descubrir tu blog. Obviamente incluiré un link a Numen Inest en el mío;-)

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