Kindle sorpresa

Pues sí, amiguitos y amiguitas, lo he comprado. Fue el regalo que me hice por mi cumpleaños, hace tres meses y unos días. ¿Por qué lo cuento ahora? Porque quería probarlo antes lo suficiente como para hablar de él.

Me refiero, claro está, al libro electrónico que me acompaña en la ilustración. La cara no es de aburrimiento -de hecho, el libro que me ocupa en estos momentos parece interesante- sino de frío.

No escribo esta entrada para hacer un análisis detallado del juguetito: internet está lleno de ellos. Cientos de informáticos y de amigos de los cacharros os explican para qué sirve cada botón, y discuten apasionadamente si el interfaz tururú, si la memoria interna tarará, y alaban o critican el ruido que hace al encenderse.

A mí lo que me importa del Kindle es que se lee estupendamente en él. Es un aparato eficaz, que sirve para lo que sirve, y nada más que para eso: olvidaos de ver fotos, de pantallas tactiles, de juegos multimedia y demás mamarrachadas. No está pensado para llenar nuestras aburridas vidas mientras no estamos conectados a Facebook. Que sólo se compre un Kindle quien quiera leer (me temo que este consejo haya llegado tarde a las orejas de muchos enamorados de los botoncitos, cuyos libros electrónicos estarán ya sepultados por las Tele indiscreta y las Muy interesante).

La noticia es, por lo tanto, buena: el Kindle facilita la lectura de textos que antes se nos hacía engorroso leer (las pantallas de los ordenadores cansan la vista, e imprimir un documento largo desde Windows puede convertirse en una odisea).

Sin embargo, tampoco es éste el objetivo de esta entrada. En realidad la escribo para comunicaros algo mucho más importante, la verdadera noticia entre toda esta invasión de aparatejos de la última década. Cuando encendí por primera vez mi libro electrónico, lo hice con miedo de no poder deciros nunca lo que voy a decir a continuación: después de tres meses con el Kindle en las manos, de disfrutar mucho de las lecturas que he llevado a cabo en él, de valorarlo muy positivamente en muchas conversaciones, de defenderlo, de enseñarlo a todo el que ha querido verlo, estoy seguro de que nunca, jamás, así pasen los siglos, sustituirá al libro tradicional, porque la experiencia de leer en papel es infinitamente más gratificante que la de leer en un trozo de plástico con pantalla.

Estamos de enhorabuena: todavía nos quedan muchas, muchas páginas que pasar.

 

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7 Respuestas a “Kindle sorpresa

  1. Ya han sacado fundas con olor a libro de papel 🙂 (yo también estoy contento con mi Kindle)

  2. Tío, te juro que tu defensa final del libro en papel me ha emocionado.Ya me estabas pareciendo un converso a punto de decir que lo del papel es algo anacrónico¡

    • De converso nada… No me cierro a las novedades, pero la ventaja del libro tradicional es aplastante, aunque nos obligue a estar siempre cargando como mulas.

  3. Uy qué flaco y qué pálido, ¿estás comiendo bien?

  4. El olor del papel, la tinta, el pasar las hojas con las yemas de los dedos, ese ritual placentero ( totalmente sensorial ) no se puede sustituir por nada.

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